Venezuela bajo el asedio de Trump: ¿Soberanía herida o protectorado de facto?
En una reciente y reveladora intervención en el programa Agenda Propia, el reconocido internacionalista Sergio Rodríguez Gelfenstein ha sacudido el tablero del análisis geopolítico regional al definir la situación actual de Venezuela bajo un término polémico pero argumentado: un protectorado de facto. Lejos de las etiquetas tradicionales de «colonia» o «protectorado», Gelfenstein propone una lectura donde el control estratégico del país no reside en Caracas, sino que es ejercido mediante la coacción externa desde Washington.
El «Protectorado de Hecho»: Más allá de la Colonia
Para Gelfenstein, la distinción técnica es vital. Mientras que en una colonia la metrópoli anula cualquier derecho y asume la conducción absoluta, en un protectorado sobrevive un gobierno local con ciertas facultades administrativas.
Sin embargo, el experto sostiene que Venezuela ha caído en esta categoría porque los ejes vitales de la nación —energía, finanzas y petróleo— están hoy bajo el dictamen de los Estados Unidos. No se trata de un acuerdo jurídico ni de un tratado avalado por parlamentos, sino de un protectorado de hecho, impuesto por la fuerza y la amenaza directa.
«O haces lo que te digo o te matamos». Según Gelfenstein, esta fue la advertencia literal que el senador Marco Rubio habría hecho a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, hoy presidenta encargada de Venezuela, ejemplificando que la relación no es diplomática, sino de sometimiento violento.
Uno de los puntos más agudos de su análisis es la disección de las agendas políticas dentro de Estados Unidos, las cuales no son monolíticas, ya que se debaten entre la agenda pragmática de Donald Trump, enfocada exclusivamente en lo comercial. A Trump «le contenta» la estabilidad que pueda ofrecer el chavismo para garantizar el flujo petrolero. Bajo su óptica, imponer a la derecha radical incendiaría el país, imposibilitando la extracción de crudo.
Y la agenda ideológica de Marco Rubio, que busca revivir la Guerra Fría. Su objetivo es un sistema bipolar que enfrente a China, utilizando a Venezuela como ficha de ajedrez e intentando imponer figuras como María Corina Machado, sin importar la estabilidad comercial.
Un país entre el trauma y la parálisis
Internamente, Venezuela no solo lucha contra el asedio externo. Gelfenstein describe una sociedad sumida en el estupor y el trauma emocional tras eventos de extrema violencia, como el asesinato de 100 personas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Este trauma ha tenido un efecto doble y paradójico: Unidad en la Soberanía, ya que existe un consenso nacional profundo sobre la defensa del territorio. La idea de soberanía es, quizás hoy más que nunca, un punto de cohesión emocional. Y la parálisis política, porque ese mismo dolor actúa como un freno que dificultando la toma de decisiones claras y resolutivas para salir de la crisis.
Gelfenstein es tajante al desmitificar las «salvaciones» externas. Critica la falsa ilusión de que potencias como Rusia o China intervendrán militarmente para defender al país. En el mundo actual, advierte, no existen las alianzas ideológicas puras del siglo XX; cada potencia se mueve por intereses propios en un escenario de alta incertidumbre.
Con una honestidad poco común en el análisis político, Rodríguez Gelfenstein reconoce que la desinformación y la falta de datos fidedignos impiden tener certezas absolutas.

