América Latina ¿Por qué la derecha está perdiendo su encanto?
A finales de 2025, el mapa político de América Latina parecía teñirse de un azul conservador que muchos analistas daban por definitivo. Tras las victorias de figuras como Rodrigo Paz en Bolivia y la consolidación de proyectos libertarios, se hablaba de una «marea derecha» imparable. Sin embargo, apenas seis meses después, arrancando este 2026, la fotografía es radicalmente distinta. Lo que parecía una estructura sólida se ha revelado como una «realidad volcánica»: un estado de insatisfacción social tan profundo que la estabilidad es la excepción y el cambio abrupto es la regla. El «encanto» de estas nuevas derechas, que llegaron prometiendo dinamitar el sistema, se está desmoronando bajo el peso de su propia incapacidad para gestionar la vida cotidiana.
El «Capitalismo para todos» choca con la realidad del bolsillo (El caso de Bolivia)
En Bolivia, el experimento de la «restauración neoliberal» de Rodrigo Paz ha entrado en barrena en tiempo récord. Paz llegó al poder montado sobre el carisma de su vicepresidente, Edmond Lara (el «policía de TikTok»), quien le aportó el barniz popular necesario para ganar. Sin embargo, una vez en el Palacio, la gestión se alejó de las calles para refugiarse en un gabinete de «corbatas» y élites blancas.
El estallido fue inevitable. En solo seis meses, el gobierno aplicó un tarifazo brutal: la gasolina subió un 86% y el diésel un 163%. A esto se sumó la crisis de la «gasolina basura», un combustible adulterado que destruyó motores y maquinaria agrícola. Pero el verdadero casus belli fue la Ley 1720 de reforma agraria, una norma que pretendía permitir el embargo de pequeñas propiedades campesinas al reclasificarlas como «mediana propiedad». Esto invocó el poder de veto de los Ponchos Rojos y las confederaciones indígenas, quienes iniciaron un bloqueo nacional que hoy tiene al presidente contra las cuerdas.
«Nosotros ya no queremos ningún diálogo, lo único que pedimos es la renuncia del presidente… La gente humilde, la gente indígena, que trabaja día tras día, no le alcanza para comer. Los ricos sin la gente humilde se mueren de hambre».
La expulsión de la embajadora colombiana, Elizabeth García Carrillo, tras las críticas de Petro a la represión, marca el aislamiento de un presidente que muchos ya califican como «Cipayo» por su subordinación total a intereses externos mientras el país se incendia.
Javier Milei y su motosierra se desgasta
Argentina vive su propio drama de agotamiento. El experimento de Javier Milei ha chocado contra instituciones que la sociedad argentina considera sagradas, como la universidad pública. Las movilizaciones masivas han demostrado que hay un límite social que los «datos duros» del boletín oficial no pueden ignorar.
Mientras el gobierno firma acuerdos con la 4ta Flota del Comando Sur de EE. UU., entregando la soberanía del mar argentino bajo la etiqueta de «bien común global», el frente interno se desmorona. Las disputas antropofágicas dentro del gabinete, protagonizadas por la pugna entre su hermana, Karina Milei, y su asesor Santiago Caputo (vinculado al ala del «3% de la corrupción»), han corroído la mística del proyecto. Ante este caos, los sectores financieros ya empiezan a diseñar un «Mileismo sin Milei»: un neoliberalismo «serio» que mantenga el ajuste pero elimine las formas grotescas del actual mandatario. En la Argentina de 2026, la máxima marxista se cumple con rigor: «lo sólido se desvanece en el aire».
Perú y el factor Roberto Sánchez
Perú, el laboratorio eterno de la inestabilidad, ha dado una sorpresa que las élites limeñas se negaron a ver. En la segunda vuelta del 7 de junio de 2026, se enfrentan la heredera del fujimorismo, Keiko Fujimori (38%), contra Roberto Sánchez (35%). Sánchez ha logrado aglutinar el «Castillismo» residual, representando a ese Perú rural, andino y amazónico históricamente excluido.
El avance de Sánchez demuestra que el sujeto político que busca transformaciones estructurales sigue vivo a pesar de la represión de 2023. Ante la cercanía de las cifras, la derecha ha activado su estrategia sistemática de manual: la narrativa del «fraude». Siguiendo los pasos de Trump y Bolsonaro, las élites intentan deslegitimar el voto popular antes de que Sánchez pueda siquiera cruzar la puerta del Palacio de Gobierno.
El desencanto progresista: La raíz del problema
¿Por qué llegaron estos proyectos de extrema derecha al poder? La tesis de René Ramírez y Álvaro García Linera es clara: no fue un giro ideológico de las sociedades, sino una respuesta a la frustración. Las derechas capitalizaron el agotamiento de gobiernos progresistas que, en lugar de transformar, se dedicaron a «administrar el estatus quo».
En este vacío de horizontes, la política se convirtió en un marketing de guerra cultural liderado por nuevos actores:
- El Outsider «Anticasta»: Figuras que venden la destrucción del sistema como única salida.
- El CEO-Presidente: Empresarios que prometen eficiencia privada para problemas públicos, pero terminan gobernando para su propia clase.
- El Agitador Digital: El uso de una maquinaria digital (con Fernando Cerimedo a la cabeza) experta en la distribución de noticias falsas y guerra psicológica para captar el descontento.
Honduras Gate y los asesores en la sombra
Detrás de este avance conservador existe una red de influencia coordinada que ha quedado al descubierto con el «Honduras Gate». Los audios filtrados del exmandatario Juan Orlando Hernández revelan una coordinación regional nefasta para «poner y sacar» gobiernos mediante la desestabilización digital y financiera.
Esta red se apoya en la nueva Doctrina Domro: el paso de la persuasión diplomática a la «fuerza bruta y los dólares». Washington, a través de figuras como Marco Rubio, ha pasado a un intervencionismo alevoso, calificando a los manifestantes bolivianos y argentinos como «criminales o narcotraficantes» mientras respalda represiones sangrientas en nombre de la «libertad». Es la diplomacia del garrote digital.
América Latina habita hoy un tiempo liminal: un periodo turbulento donde, como decía García Linera, lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Somos un continente de oleadas y contra-oleadas donde el «encanto» de la derecha se agota al primer contacto con la realidad del bolsillo popular.
El maestro Simón Rodríguez nos dejó la brújula: «O inventamos o erramos». La región hoy exige una invención política que rompa con la crueldad del ajuste y el estancamiento de los viejos progresismos.
Al cerrar este análisis, la pregunta es inevitable: ¿Podrán nuestras democracias sobrevivir a la brecha abismal entre la narrativa de los grandes medios y la realidad cruda que se vive, día tras día, en la furia de las calles?

