Vector Energético

Venezuela y el desmantelamiento de la soberanía energética

El bombardeo a Venezuela el 3 de enero de 2026 se revela hoy, a la luz del flujo petrolero, como un cambio sistémico para la nación con las mayores reservas de crudo del planeta. Sus latidos financieros son ahora monitoreados, autorizados y auditados desde Washington. Este rígido tutelaje amenaza con asfixiar el producto interno bruto de una economía dependiente en más de un 90% de la factura petrolera; una riqueza que, bajo el gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, queda represada en las cuentas del Departamento del Tesoro y fluye a cuentagotas hacia un país donde las sanciones siguen vigentes.

El espejismo del «Por Ahora»

Desde la perspectiva del analista Matías Bosch, este suceso marcó el inicio de un «cerco definitivo» que, lejos de limitarse a la frontera venezolana, proyectó sus efectos hacia Irán y Cuba. Lo que presenciamos es la transición de una crisis de seguridad nacional a una «situación extraordinaria» que redefine los límites de la soberanía estatal frente a las potencias hegemónicas.
En el plano interno, el ministro Héctor Rodríguez ha intentado encuadrar la coyuntura como un «paso atrás» necesario para preservar la integridad del pueblo, evocando deliberadamente el «Por Ahora» de Hugo Chávez en 1992. esario para preservar al pueblo, evocando el «Por Ahora» de Hugo Chávez en 1992.

No obstante, un análisis riguroso revela una fractura estructural en esta analogía: mientras que en 1992 el repliegue buscaba salvar a la oficialidad leal para una futura contraofensiva, el escenario de 2026 sugiere una cesión de activos estratégicos mientras la cúpula política pierde su libertad. Este repliegue no parece ser una táctica para recuperar fuerza, sino una transición hacia un modelo de gestión delegada sin retorno aparente.

Según Bosch, tres elementos definen esta realidad excepcional:

La presencia militar extranjera: La ejecución de ejercicios y simulacros militares por parte de fuerzas estadounidenses en territorio venezolano, operando bajo un esquema de «cooperación» obligatoria.

El destino de los líderes: El confinamiento del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores en Estados Unidos, agravado por la activación de una nueva causa judicial desde Miami.

El control del recurso: El desmantelamiento de la autonomía de PDVSA, cuya administración efectiva ha sido trasladada a manos extranjeras.

Esta crisis de gobernabilidad se proyecta directamente sobre la principal arteria económica del país: el petróleo, transformándolo en un recurso bajo fideicomiso administrativo externo.

No hay un plan visible para revertir la correlación de fuerzas; hay una cesión de posiciones a toda costa. El petróleo ha sido transformado en un recurso bajo fideicomiso administrativo externo», Matías Bosch.

En su artículo  «José Martí, la política y el “paso atrás” en Venezuela», el profesor Matías Bosch responde al ministro Rodríguez, cuestionando profundamente la lógica política y moral detrás de su narrativa. Bosch desmonta la narrativa del «paso atrás» con los siguientes argumentos:
Insuficiencia del argumento moral: Bosch señala que una decisión de esta magnitud no se puede justificar únicamente con la «cuestión moral de fue para evitar una inmolación sin mayor detalle». Exige que se le explique a la ciudadanía de forma transparente cuáles fueron las condiciones y la estrategia que motivaron estas concesiones tácticas, las cuales se tomaron sin deliberación participativa.
Contradicción sobre los sacrificios: Mientras Rodríguez afirma que se evitó la inmolación, Bosch le recuerda que en los procesos de defensa de la soberanía (como en 1992 y 2002) sí hubo personas que cayeron heroicamente en combate, incluyendo 32 cubanos que murieron en Caracas. Además, resalta que líderes como Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores no han sido «salvados» de las amenazas, ya que enfrentan procesos judiciales y riesgo de cárcel impulsados desde Miami.
Pérdida inaceptable de soberanía: Bosch cuestiona qué relación tiene el supuesto repliegue para «salvar vidas» con la profunda entrega del control nacional. Se pregunta cómo se justifica que ahora el petróleo lo administre Estados Unidos, que los ingresos lleguen a una cuenta controlada por ellos (donde deciden en qué se puede gastar el presupuesto), y que se autoricen simulacros militares estadounidenses, visitas de la CIA, del Comando Sur y del FMI, mientras siguen vigentes casi 1.000 sanciones.
La ilusión de que ceder evita los golpes: Bosch es enfático al señalar que hacer concesiones no garantiza que el enemigo detenga sus ataques. Le recuerda al ministro que Chávez y Maduro lograron sortear dificultades históricas enfrentando sabotajes y golpes sin ceder el control del país, y advierte que si entrar en el terreno de las concesiones garantizara la supervivencia, mandatarios derrocados como Salvador Allende, Jacobo Árbenz o Patrice Lumumba hubiesen seguido gobernando.
Bosch le responde a Rodríguez que hay una gran diferencia entre hacer un «repliegue táctico» para recuperar fuerzas (como enseñaba José Martí y aplicó Chávez) y hacer «una cantidad de concesiones en las que sencillamente se está entregando todo»

La República de la OFAC: Autonomía Administrada

El corazón de este nuevo orden no late en Miraflores, sino en el Departamento del Tesoro estadounidense. Según el artículo «Alcance y características de las licencias OFAC para Venezuela en 2026» publicado por Misión Verdad, entre enero y marzo, la arquitectura de licencias de la OFAC (46, 46A, 46B, 48, 48A, 49A y 50) rediseñó el vector energético venezolano. No se trata de un alivio de sanciones, sino de un torniquete regulado.

Hoy, la extracción, refinación y exportación en la Faja Petrolífera y los campos de gas operan bajo el monopolio de actores internacionales preaprobados —Chevron, BP, Repsol, Eni—. Pero el verdadero golpe a la soberanía no está en los taladros, sino en las cuentas bancarias:

  • Pérdida de soberanía fiscal: Los ingresos de la comercialización no entran al Banco Central de Venezuela. Son depositados en cuentas administradas por el Tesoro de EE.UU.
  • Gasto público auditado: El país gestiona partidas presupuestarias autorizadas por Washington, con auditorías en tiempo real impuestas a través de la firma internacional KPMG.

El 27 de mayo, la Doctrina Rubio selló este modelo. El secretario de Estado, Marco Rubio, respaldado por Donald Trump, celebró el envío de 10 millones de barriles a EE.UU. como un triunfo de la «profesionalización». Washington presenta esta intervención como garantía de transparencia; para el proyecto bolivariano, representa la anulación de cualquier margen de maniobra diplomática.

El Tablero Global: India y el Eje de Asia Occidental

La ironía geopolítica de esta crisis es que, mientras Venezuela pierde el control de su caja fuerte, resurge como el salvavidas energético de Asia. La guerra y la inestabilidad crónica en Asia Occidental, sumadas al asedio constante sobre el Estrecho de Ormuz, han forzado a gigantes como India a buscar crudo seguro lejos de las zonas de conflicto.

Washington ha jugado esta carta con maestría. Utilizando las licencias de la OFAC, ha ofrecido el crudo venezolano a Nueva Delhi como la alternativa «autorizada» para forzar su alejamiento del petróleo ruso. Para mayo de 2026, Venezuela ya se había posicionado como el cuarto proveedor de la India (319.200 barriles diarios). El crudo venezolano fluye, pero como un instrumento de la diplomacia coercitiva estadounidense contra el bloque euroasiático.

El Costo Regional: El Cerco a La Habana

El éxito de este «petróleo transparente» tiene un reverso sombrío en el Caribe. Bajo las condiciones del nuevo fideicomiso de la OFAC, Venezuela ha cortado por completo el suministro energético a Cuba.

Hoy, La Habana sobrevive con apenas tres horas de electricidad al día. Los testimonios desde la isla confirman que la única arteria que los mantiene a flote es un solitario barco ruso. De Caracas, dicen, «no llega ni una botella de petróleo». Es aquí donde Bosch plantea el dilema moral que definirá esta época: ¿Es legítimo salvar al pueblo de una inmolación teórica a cambio de desmantelar el sueño de la Patria Grande y abandonar a los aliados históricos en su hora más oscura?

Venezuela ha pasado de ser el motor de la soberanía energética de la región a convertirse en un enclave regulado. «En el arte de hacer política, el desafío supremo consiste en tomar impulso desde la adversidad para convertir el revés en fortuna», reza la máxima. Queda por ver si el 3 de enero será recordado como el repliegue más doloroso de la historia contemporánea, o como la firma definitiva en el acta de defunción del Estado venezolano.

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