Luis Britto García: Delcy Rodríguez y las venas abiertas de la Venezuela tutelada
En la madrugada del 3 de enero de 2026 Caracas se despertó con el rugido de aeronaves de combate que violaron el espacio aéreo de Venezuela. Una fuerza militar extranjera ejecutaba una agresión sin precedentes en los tiempos modernos en la región: el secuestro del presidente legítimo y de la primera dama, Nicolás Maduro y Cilia Flores, quienes permacen cautivos ilegalmente en Estados Unidos.
El intelectual, escritor e historiados venezolano Luis Britto García cataloga el ataque como una «masacre colosal» y un crimen de guerra flagrante, que se cobró la vida de al menos 47 soldados venezolanos, 32 escoltas cubanos y un número aún impreciso de civiles; las estimaciones globales ya superan las 200 almas truncadas bajo el fuego de los bombardeos.
Este quiebre geopolítico no solo reconfigura el mapa de la soberanía de Venezuela en el siglo XXI, sino que abre un capítulo de asfixia financiera y subordinación política que desmantela, piedra angular por piedra angular, la estructura misma de un Estado independiente.
Las claves de una jornada opaca
El análisis de los hechos arroja cuatro factores determinantes que explican las dimensiones de la crisis actual:
- El paralelismo histórico: Que las bombas cayeran sobre Venezuela un 3 de enero no es un azar del calendario. Britto García desentraña un calco de la historia, la repetición de una vieja matriz imperial: décadas atrás en esa misma fecha, la maquinaria de guerra estadounidense asaltó Panamá para secuestrar a Manuel Noriega y someterlo a tribunales amañados, quebrando la soberanía de una nación clave por su control sobre un estratégico canal interoceánico.
- El silencio de los radares: A pesar de las cuantiosas inversiones en sistemas de cohetería respetable y radares de larguísimo alcance, las defensas nacionales permanecieron inexplicablemente inmóviles. No hubo contraofensiva ni un plan estratégico coordinado para repeler el desembarco extranjero.
- Un vacío en las calles: Lejos del fulgor popular del 13 de abril de 2002, la mañana del 3 de enero frente a la ausencia de directrices claras, los ciudadanos que salieron en busca de certezas se toparon con la desmovilización y la insólita orden de volver a dormir.
- La humillación como doctrina: Lo que siguió fue un periodo de profunda incertidumbre y un sentimiento de quiebre moral para las fuerzas armadas y el pueblo. El secuestro del presidente Nicolás Maduro fue el ariete legal y militar indispensable para que la potencia invasora iniciara el desvío sistemático de la riqueza nacional.
La «Constitución Financiera» del despojo
Tras el estruendo de las bombas, el control mutó en burocracia financiera. A través de una Executive Order (orden ejecutiva) dictada por la Casa Blanca, el gobierno de Donald Trump formalizó lo que en la práctica opera como una nueva constitución económica para Venezuela: un mecanismo diseñado para el secuestro del capital vital de la nación. Este andamiaje financiero se sostiene sobre el cúmulo de Licencias Operativas emitidas por la OFAC del Departamento del Tesoro de Estados Unidos entre enero y marzo de 2026, un despliegue de sujeción económica ejecutado inmediatamente después de que Delcy Rodríguez asumiera la presidencia encargada del país.

El engranaje del desvío financiero funciona bajo una lógica de subordinación absoluta:
Redirección forzosa al Tesoro estadounidense
El flujo monetario derivado de la venta de hidrocarburos y minerales —que históricamente sostiene cerca del 80% de los ingresos en divisas del país— ya no ingresa a las arcas del Banco Central de Venezuela ni nutre el presupuesto nacional. Cada centavo se deposita directamente en una partida bajo jurisdicción norteamericana.
El binomio de la discrecionalidad
La cuenta no responde al escrutinio de los poderes públicos venezolanos; sus administradores absolutos son Donald Trump y Marco Rubio. Britto García califica la gestión de estos actores como un acto de piratería moderna, ejecutado por «pillos» que disponen del patrimonio ajeno sin contrapeso legal. El descaro metodológico alcanzó su cénit cuando el propio Trump congregó a una quincena de corporaciones petroleras en la Casa Blanca para repartir las concesiones del subsuelo venezolano, advirtiéndoles que, de ahora en adelante, los contratos se firman con él y no con el Estado ocupado.
La ilusión del derecho de propiedad
Si bien los documentos teóricos aducen que los fondos siguen siendo «propiedad» del gobierno venezolano, el mecanismo anula las facultades elementales del dominio: usar, gozar y disponer. Venezuela no tiene acceso a sus divisas. En caso de otorgarse algún beneficio, este no se liquida en capital, sino mediante un esquema de trueque forzado por mercancías estadounidenses remanentes, obsoletas o de baja salida en el mercado internacional.
Desvíos coloniales a terceros destinos
El saqueo adquiere tintes de botín de corsarios. El foro geopolítico documentó el caso de un buque petrolero confiscado con un cargamento valorado en 5 millones de dólares: la administración norteamericana asignó 3 millones al Tesoro de los Estados Unidos y transfirió, de manera arbitraria, los 2 millones restantes a una cuenta en Qatar. No existe norma constitucional, ni en América ni en el derecho internacional, que valide que los recursos de una nación pertenezcan «al primero que los asalte».

El colapso del motor público y el retorno del FMI
Las consecuencias de extirparle a un país el 80% de su sustento en divisas se asemejan, en palabras de Britto García, a las de un automóvil al que se le acaba la gasolina de repente: el vehículo continúa moviéndose unos metros por pura inercia, pero su destino final es la parálisis total.
El desmantelamiento institucional se manifiesta en un doble frente trágico:
La asfixia de los derechos sociales
Sin el ingreso petrolero, el financiamiento de la sanidad, la educación, la vivienda, la cultura y la defensa se desploma. El Estado se ve forzado a la inviabilidad operativa, arriesgándose al cierre técnico de su administración pública y borrando décadas de conquistas sociales. Las líneas de auxilio de aliados estratégicos como Rusia y China carecen del músculo para revertir la asfixia, pues gran parte de esos flujos están comprometidos de antemano para amortizar los créditos adquiridos durante los años previos de bloqueo.
La trampa del crédito eterno
Para cubrir el vacío presupuestario, la nación es empujada hacia un endeudamiento extremo, abriendo las puertas al retorno del Fondo Monetario Internacional (FMI). La receta es un viejo fantasma conocido en la región: asistencia financiera a cambio de austeridad draconiana.
Es económicamente insostenible pretender vivir del fiado de forma perenne cuando te han robado la riqueza productiva con la que podrías pagar», advierte Britto García.
La presión combinada del despojo, la falta de servicios y los ajustes del FMI configuran un escenario de altísima conflictividad social, un caldo de cultivo que los analistas comparan con la atmósfera de tensión reprimida que precedió al estallido popular del 27 de febrero de 1989.
Venezuela conserva los símbolos, la bandera y la categoría nominal de Estado; sin embargo, la intervención de su economía, la tutela de su política exterior y la confiscación de sus recursos vitales dibujan la silueta de una república que ha perdido, de facto, su condición independiente bajo la bota de una administración extranjera.

