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«El imperialismo cree que al vencedor le pertenece el botín, pero los pueblos que resisten no bajan los brazos». Entrevista al profesor estadounidense Danny Shaw

Geraldina Colotti

Danny Shaw, estadounidense, un pasado como boxeador profesional, es académico, profesor en la Universidad de Nueva York (de la cual fue despedido por su apoyo a la causa palestina), analista de Relaciones Internacionales por Telesur, RT, Hispan TV. En Nueva York, participa en los movimientos por la liberación de Nicolás Maduro y Cilia Flores y, también el 8 de octubre, cuando se celebre la audiencia para la concesión del arresto domiciliario a Flores por motivos de salud graves, acudirá frente al tribunal que tendrá que decidir si concede la medida alternativa a la prisión.

Lo hemos entrevistado sobre este tema y sobre la situación internacional vista desde Norteamérica.

Profesor Shaw, desde su atalaya en Nueva York y su activismo constante, ¿cómo analiza el clima político actual en Estados Unidos ante el avance de las derechas extremas y las políticas de persecución, deportación masiva y los discursos de «remigración» che afectan a millones de trabajadores migrantes?

Aquí la represión contra los inmigrantes es muy fuerte. Desde el inicio de la campaña de Donald Trump han utilizado a los inmigrantes como un chivo expiatorio para echarles toda la culpa por una economía que no corresponde a las necesidades de la población. Hay más de 40 millones de estadounidenses que viven debajo de la línea de pobreza y eso es en un país donde hay una economía, un Producto Interno Bruto de más de 30 trillones de dólares.

Varios de mis estudiantes en camino a sus clases en el Bronx han sido detenidos y discriminados por el ICE y si ellos no pueden presentar su acto de nacimiento y su pasaporte hasta pueden ser deportados y divididos de su familia. Ya son más de 25 mil inmigrantes que han sido deportados a terceros países que no tienen nada que ver con esos inmigrantes ni con donde nacieron y se criaron. Hemos visto imágenes crueles y fascistas de haitianos encadenados bajo la lluvia con Trump y Marco Rubio celebrando la humillación de nuestras hermanas y hermanos inmigrantes.

Hay millones de personas que viven en una cierta clandestinidad, escondidos de los oficiales y millones más que viven con miedo de ir a la universidad o al trabajo. Aquí hay un clima fascista que no se ha conocido de esa forma tan extrema en varias décadas. La persecución de los inmigrantes es para que nosotros no podamos ver los billonarios, y pronto van a ser trillonarios, que son los responsables por la injusticia económica y la desigualdad social con una tasa de inflación cada día más alta; y por la inteligencia artificial cada día la economía provee menos empleos y ningún inmigrante es culpable de eso sino que es la forma más fácil de distraer a la población y dividir la clase trabajadora.

La población de los Estados Unidos no es una población muy consciente de la política extranjera del gobierno gringo. Es apenas una tercera parte de nuestra población que tiene pasaporte. Entonces aquí hay sobre todo mucha indiferencia con respecto al secuestro de Nicolás Maduro, presidente electo de Venezuela, y a la invasión a Irán. Todavía esos son actos que no son populares para nada. La tasa de aprobación de la guerra contra Irán goza de menos de 30% del respaldo de la población. La población pregunta cómo es que el Pentágono tiene un presupuesto de 1.5 trillones de dólares, el presupuesto más alto en su historia. Pero cuando tiene que ver con empleo, educación, salud pública, nuestros derechos son bastante mínimos.

¿Hasta qué punto la narrativa del «Escudo de las Américas» y el control imperialista sobre el continente influyen en la polarización interna dentro de los propios Estados Unidos?

El asunto del escudo de las Américas, el proyecto de una cierta recolonización del hemisferio, volviendo a lo que fue el pasado colonial, la doctrina Monroe, que hoy es la doctrina Donroe, a través de la administración Trump y sus voceros, la clase billonaria, la clase Epstein, como muchos suelen llamarlo hoy en día porque se creen que son intocables. Ellos ya ven todo a Sudamérica y el Caribe como su patio trasero. Somos testigos. Vemos la pistola en la sien del pueblo venezolano y sus representantes como la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Nicaragua se está quedando más aislado. Ellos están tratando de llevar a cabo sanciones contra Nicaragua. Nosotros vimos la derecha tomar poder en Colombia, en Perú, en Bolivia, en la primera vuelta en Brasil.

El proyecto de desintegración, de desunidad, es la antítesis de todo lo que representaba y ha representado la revolución bolivariana que conectaba el continente y el hemisferio de una forma que nunca habíamos visto. Esa unidad encabezada por grandes figuras antiimperialistas como Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, ya parece ser una realidad distante. Son lacayos del imperio los que han formado parte de ese proyecto, el escudo a las Américas, que está provocando más y más pobreza y miseria a través de las Américas. Pero esto aquí para nuestra población, a menos que sean latinos o descendientes latinoamericanos, no es algo que un trabajador en Ohio o Michigan que está buscando cómo resolver la canasta básica de su familia y cómo resolver el alquiler, él no tiene como entender la realidad de los pueblos de nuestras Américas. Aquí la enajenación reina y la conciencia es mínima a causa de eso.

Usted ha participado activamente en los movimientos de solidaridad internacional por la liberación de Cilia Flores y el presidente Nicolás Maduro. Desde una perspectiva jurídica, política y humana, ¿cómo califica este secuestro institucional y qué impacto geopolítico busca consolidar Washington con esta agresión directa contra la soberanía venezolana?

El 3 de octubre ya se ha cumplido 10 meses del secuestro del presidente venezolano y la primera dama. Nos activamos, tuvimos una movilización frente a la cárcel. Gritamos para que el presidente secuestrado sepa que ellos no estén solos. Todos sabemos que es un caso de lawfare, no hay ningún caso legítimo contra el presidente Maduro y su compañera. El Cartel de los soles fue un invento de la oposición derechista en Miami y de la CIA y cada semestre yo pregunto a mis estudiantes el primer día de clases y quién es el narcotraficante más grande del mundo. Más o menos la mitad siempre responden el gobierno gringo, la CIA y la DEA porque ellos saben que esas son las instituciones que controlan los mares, los puertos, los cielos. Como se ha probado en 1986 cuando agarraron a los Contras y a la CIA moviendo toneladas de cocaína a Los Ángeles, a Miami provocando muchísima miseria en una cierta guerra biológica, una guerra química contra las poblaciones más marginalizadas aquí. Ellos siguen bombardeando a pescadores. Tal vez, de vez en cuando hay un pequeño barco que lleva algo de contrabando. Nunca hemos visto ninguna prueba. Ya han asesinado a más de 250 personas inocentes sin ningún juicio.

Ellos no tienen ninguna prueba contra la Primera dama Cilia Flores. Sencillamente fue una estrategia más agresiva porque durante la administración de Obama, y después Trump y después Biden, hubo sanciones que provocaron mucha necesidad en Venezuela y la migración de más de 8 millones de venezolanos por la guerra económica. Y después subieron a Juan Guaidó a la “presidencia” virtual, que nunca fue elegido por el pueblo venezolano. Eso fue sencillamente una forma de seguir saqueando los recursos de Venezuela, como 2 mil millones de oro que ha robado el banco de la Inglaterra. ¿ Entonces, quienes son culpables? No son Cilia Flores y Nicolás Maduro, sino los ladrones y asesinos de siempre que buscan controlar todos los recursos y la riqueza de las Américas. Y comenzaron con un cerco militar, bloqueo militar a Venezuela. Ellos siguen ocupando el Caribe con miles y miles de sus soldados, como una amenaza contra Venezuela y cualquier otro país, que si ellos se atrevan a defender su propia autodeterminación, que les puede pasar igual o peor de lo que pasó a Venezuela. Y así mismo se lo han dicho a Delcy Rodríguez, que si ella vacila en entregar el patrimonio nacional al imperialismo, que le puede pasar peor de lo que le pasó al presidente Maduro.

Según las leyes internacionales, no hay nada legal en lo que han hecho, pero como Trump pronunció en el podio de las Naciones Unidas frente al mundo, esa clase billonaria que él representa, no cree en la justicia, no cree en las leyes, en el derecho internacional. Ellos entienden que al vencedor le pertenece el botín. A ellos no les molesta que hayan hecho muchísimas cosas unilateral, ilegal y criminal. Son prepotentes y se creen intocables, porque nunca han sufrido ninguna consecuencia a raíz de sus acciones criminales.

Frente a las presiones extremas, el bloqueo y el chantaje económico, ¿cómo valora la resiliencia y el repliegue táctico del pueblo venezolano y la postura de sus instituciones y dirigentes ante esta extorsión imperialista, un tema muy controvertido en el ámbito de la solidaridad internacional?

En los estados de la República Bolivariana de Venezuela que he recorrido en los callejones y en los campos, se nota que Venezuela tiene una población bien chavista, es un pueblo chavista, es un pueblo entrenado en defender sus propios derechos y a su propia soberanía. Pero ahora mismo se trata de una guerra entre David y Goliat y el liderazgo y las milicias no querían ver más muerte, no querían ver un Líbano en Sudamérica. Sabiendo la capacidad del imperialismo de desplazar y asesinar, entonces eligieron la paz.

Aunque esa paz indicaba una cierta humillación y la necesidad de negociar con el enemigo, el pueblo sigue soñando. Sus horizontes son la soberanía, que los recursos del país puedan nutrir al sector público para que todos tengan lo necesario. Igual que el pueblo cubano, el pueblo venezolano ha sufrido demasiado por un cerco militar y económico del imperialismo. Entonces ahora es una realpolitik que es la realidad en Venezuela.

En el pequeño movimiento solidario, aquí a nivel de todas las Américas y en Europa, el movimiento ha mantenido una polémica. Algunos entienden que con una pistola en la sien, como decía Lenin, no había otra alternativa. Y otros dicen que es vergonzoso lo que haya pasado. Y que una parte del gobierno, si no el gobierno completo, es cómplice. Entonces está esa dialéctica entre el movimiento. Entonces creo que es importante, a pesar de que haya diferencias, que haya contradicciones secundarias, no nos dividimos cuando todos sabemos quién es responsable por todo lo que está pasando en Venezuela y en Cuba. De eso no tienen la culpa las masas cubanas y venezolanas, ni su liderazgo. Eso ocurre dentro de un contexto donde la clase billonaria global es más agresiva y más prepotente que nunca.

Usted ha estado recientemente en Cuba. ¿Cómo ha percibido de primera mano el impacto cotidiano del endurecimiento del bloqueo y la resistencia de la isla? A pesar de las dificultades económicas extremas y la asfixia deliberada, ¿qué fortalezas subjetivas, culturales y políticas mantiene el pueblo cubano para sostener su proyecto socialista frente al asedio permanente de Estados Unidos?

La primera vez que fui a Cuba para romper el bloqueo y llevar suministros médicos y otro producto para romper el bloqueo fue en 1995, en pleno periodo especial. Yo pregunté a muchos cubanos: ¿si los años 90 representaban el periodo especial, como se llama entonces este periodo a partir del 29 de enero? y muchos han respondido que es un periodo apocalíptico y genocida. Los que pueden sobrevivir son los que tienen familia en Miami, que tienen capacidad de mandar dólares, pero un gran porcentaje, el cubano de a pie, no tiene como recibir ese dinero. Entonces el bloqueo y la guerra contra Cuba es contra el pueblo.

La administración de Marco Rubio y Donald Trump ha bloqueado también el sector privado para que el gobierno cubano, que ha actuado de una forma heroica en defensa de su pueblo ya por 66 años, ya no pueda proveer para su población.

Entonces, hay mipimes, hay tiendas privadas, hay supermercados privados, como si fueran pequeñas penínsulas de privilegio de Miami, donde aquel cubano que tenga dólares puede comprar, puede consumir, puede comer, pero obvio, el 90% del pueblo cubano no tiene como acudir a esas tiendas privadas, y por eso es que llamarlo un genocidio económico es algo que cuadra para un cubano de a pie. Para una enfermera, una maestra que trabaja fuertemente, su sueldo hoy en día, 5 mil pesos, 6 mil pesos, ya es el precio de una botella de aceite, entonces la población no tiene como sobrevivir en ese terreno. Wshington está tratando de establecer un terreno neoliberal, quiere castigar a las masas cubanas por haber resistido por tanto tiempo, entonces lo que yo vi fue alarmante.

Por el bloqueo energético que Trump anunció el 29 de enero, hay una gran realidad de deshidratación y de hambre en Cuba. Yo pude recorrer el país. Fui de La Habana a Sancti Spiritus, a Camagüey, a Holguín, a Santiago. Fui a casi toda la provincia del país para ser un testigo de una guerra económica, de un genocidio económico y silencioso, como dice el canciller Bruno Rodríguez, que estuvo junto con nosotros aquí en Nueva York el fin de semana pasado en un acto contra la guerra contra Cuba, que ha sido una estrella de supervivencia y soberanía ya por más de seis décadas.

Danny, usted conoces tan de cerca la realidad de Haití, ¿cómo explicas la profunda catástrofe social, política y de seguridad que atraviesa el país, qué papel juegan las injerencias extranjeras y los falsos proyectos de intervención «humanitaria» o policial, y cómo resisten las fuerzas populares frente a este bloqueo imperialista?

Haití es un país brutalmente bloqueado por los Estados Unidos y sometido a una agresión sistemática. Las llamadas pandillas no son un fenómeno espontáneo, sino grupos paramilitares armados hasta los dientes con armamento gringo, utilizados exactamente igual que el paramilitarismo en Colombia para desmovilizar y masacrar a un campesinado militante y a una población que anhela ser libre. Entre 2018 y 2021, ante la poderosa avalancha de movilizaciones populares contra la dictadura neoliberal, la oligarquía haitiana y el gobierno de Washington recurrieron a estos paramilitares para controlar Puerto Príncipe y la región agrícola de la Tiboní.

Hoy, el pueblo haitiano está atrapado bajo una doble ocupación: la de los paramilitares a nivel interno y la intervención extranjera dirigida por mercenarios corporativos como los de Blackwater y miles de efectivos de las Naciones Unidas, impulsados directamente por figuras como Donald Trump y Marco Rubio con soldados de diversos países para ocupar Haití por cuarta vez en menos de un siglo. A pesar de sentirse aislados frente a esta pinza militar armada con fusiles gringos, el pueblo haitiano no baja los brazos y sigue buscando firmemente la solidaridad internacionalista para romper las cadenas de su opresión.

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